viernes, 13 de diciembre de 2013
lunes, 7 de octubre de 2013
lunes, 30 de septiembre de 2013
viernes, 20 de septiembre de 2013
lunes, 26 de diciembre de 2011
¿Podrían perdonarme?
A todos los familiares y amigos:
Siento haber herido sus sentimientos, ¿podrían perdonarme?
“Ya sabemos que los que enseñamos seremos juzgados con más severidad”(Stg. 3:1, Versión Popular). Eso lo advierte Dios en su Palabra. Por su gracia inmerecida, yo soy un guía espiritual de su grey: Pastor Evangélico Bautista y Profesor de Ética, al mismo tiempo.
Esta carta pública se origina en el hecho de que a una de mis hijas la traté indebidamente. Le causé dolor y, al pedirle disculpas, me expresó un sin número de faltas que ella juzga cometí en este año que está por terminar. Incluso, algunas que ni hice adrede ni llegué a percatarme de que lo había hecho mal. Se notaba dolida. Eso me llenó de angustias.
Por supuesto, inmediatamente, fui ante mi Señor. Para pedir perdón, me puse de rodillas y le supliqué a mi Padre Dios que dispensara mi falta de sentido común, de buen juicio, y de amor al prójimo. Luego, me puse de pie y le pedí disculpas a mi hija por el sufrimiento que pude haberle causado; no sólo a ella, sino, además, al resto de la familia.
Ahora, al requerir disculpas públicamente a todos mis contactos, les estoy diciendo que considero que exista la posibilidad de que me haya portado mal con ustedes también. Pueden tener la certeza de que me retracto de ese mal comportamiento. Sobre todo solicito piedad, no sólo por cualquier cosa que haya dicho o hecho que no les agradó, sino por aquellas cosas que ustedes esperaban que hiciera y no hice. A veces causa más dolor lo que dejamos de hacer que lo hecho mal. La Biblia dice: “El que sabe el bien y no lo hace, comete pecado”(Stg.4:17).
Finalmente, quiero añadir que intentaré enmendar en el 2012 mis fallas. Especial atención daré a mejorar la comunicación con todos. Por lo cual, entonces, la disculpa también va acompañada de una promesa de reparar las relaciones que he roto o deteriorado por mis pecados, malas acciones o hechos impensados, de los cuales Dios sabe que estoy sinceramente arrepentido.
Que esta sincera confesión de pecados y las disculpas presentadas, en estos días de navidad y fin de año, les ayude a conocer mejor lo que es capaz de hacer nuestro Señor y Salvador Jesucristo por medio de su Espíritu Santo en quienes le entregamos nuestro corazón y le adoramos en Espíritu y verdad. ¡Gloria a Él ahora y para siempre! Amén.
Rev. Dennys Acosta Ortiz
viernes, 30 de abril de 2010
JESÚS, EL EDUCADOR MAESTRO
Lo primero que aprenden los estudiantes al resumir este capítulo, es algo que Jesús enseñó magistralmente: brevedad y concisión; porque sólo deben usar cuatrocientas palabras para expresar su opinión sobre una lectura que marca, que deja huellas. Aquí Pazmiño se esfuerza por hacer teología para una práctica educativa, basándose en la perspectiva aleccionadora que se desprende de la vida de Jesús. En un conjunto de multiformes enfoques del tema de la enseñanza, hilvanados con una correspondencia sorprendentemente lógica, basa sus reflexiones partiendo del hecho de que “la encarnación del Hijo de Dios tiene implicaciones para la práctica de la educación”. Él refuerza este argumento citando un escrito de Gabriel Morán, quien dice que “enseñar es mostrar a alguien cómo vivir y cómo morir”, justamente lo que Jesús hizo. Pazmiño agrega a eso lo siguiente: “En Jesús, los educadores cristianos también descubren la encarnación de los principios de organización para la enseñanza”, algo importantísimo para la iglesia , porque élla debe organizar su educación sobre la base que modeló el Maestro. La división temática que usa el autor le sirve de soporte para la estructura del capítulo. Da la impresión de que en algunos puntos él debiera expandirse más, pero se sujeta a su propósito de ser breve. De entre toda la división, destacan “JESÚS COMO MENTOR” Y “LA PRIORIDAD DEL PARENTESCO”. L a reflexión sobre el mentor interpela la conciencia del educador cristiano. Las palabras referentes al parentesco inquieren al corazón del estudiante. Así, igualmente, en todo el resto de su escrito, Pazmiño , con gran calidad expresiva, usando una incesante argumentación cristocéntrica, no para hasta llevar al lector a sentir a Jesús llamando a su puerta para invitarle a ser más y mejor educador. Este capítulo ayuda a ampliar el conocimiento que se tenga sobre Jesús el Supremo Educador, pero lo hace procurando que esa amplitud de conocimiento sirva para la autoevaluación sincera del llamado que ha hecho Dios a aquellos que enseñan sus verdades divinas. Sin obviar una buena preparación, el verdadero educador es una persona completamente comprometida con Jesús. La investigación del escritor es admirable. Habla sobre una base de datos bien estudiada, partiendo de una buena exégesis bíblica. A través de las preguntas dirigidas al lector como un reto, hace que el tema sea pertinente porque pone al estudioso a aplicar sus reflexiones a la realidad de hoy.
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